El escultor Vicente Ortí disfruta de la vida. A través de sus esculturas o de sus cactus, Vicente se funde con los materiales, los moldea y les da vida. Una vida que despierta emociones y no deja indiferente a quien contempla alguna de sus obras.

A los 9 años, a causa de una meningitis, se quedó sordo y tuvo que demostrar su valía cada día. A su familia, a la sociedad, a los profesores, a los otros artistas. Superarse y demostrar su talento para no quedarse atrás fue su gran motivación.

Pero lo que entonces él no sabía es que la vida se estaba abriendo a él en forma de piedra, de hierro o de madera para expresarse a través del arte.

Vicente Ortí, hoy en día, un escultor altamente reconocido por su valía y su obra escultórica, nos ha abierto las puertas de su taller y de su corazón.

Vicente, ¿qué supuso para ti la sordera? Quizá fue un obstáculo en tu niñez, pero al final, parece que también fue tu gran oportunidad.

Yo soy un superviviente. Un defecto te da más fuerza.  Al quedar sordo, mi familia ya creyó que yo no valía y yo pasaba el tiempo haciendo manualidades porque tenía mucha facilidad para ello. Al faltarme un sentido, desarrollé más los otros, como el tacto, que tanta sensibilidad me ha proporcionado para trabajar en mis esculturas.

Fue el sacerdote  Paco Monfort  quien, cuando yo tenía 9 años, me dijo que yo tenía talento para la escultura. Hoy me doy cuenta de que era un cumplido, pero para mí fue muy importante porque mi familia me ocultaba por tener un defecto, no esperaban nada de mí y era la primera vez que alguien me decía que yo servía para algo.

Y tan en serio te lo tomaste que estudiaste Bellas Artes y comenzó tu carrera artística profesional.

Sí, todos mis estudios han estado relacionados con el arte, he recibido premios por mi trabajo y reconocimientos como la beca de la Fundación Juan March, la más importante de España en este ámbito. También he expuesto en muchos lugares del mundo como Basilea, Miami o Nueva York.

También has dedicado tu vida a la docencia como profesor en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat Politècnica de València.

Ahora estoy jubilado, pero con la docencia he disfrutado mucho. He dado a mis alumnos todos mis conocimientos porque yo he tenido la suerte de enseñar sobre lo que sé, sobre mi trabajo de escultor. Con los alumnos me sentía joven, venían al taller a aprender y yo disfrutaba compartiendo todo lo que sé.

Ahora, ¿a qué te dedicas?

En mi taller tengo material para trabajar toda una vida. Sigo con mis esculturas, moldeando los materiales y disfrutando también de mis cactus y de todo lo que me gusta, ya sin prisa.

Tu taller es precioso, está lleno de sol y vida. Parece que superaste todos los obstáculos.

Soy feliz. No se esperaba nada de mí y, sin embargo, he demostrado lo que valgo y lo he compartido con los demás. Estoy satisfecho con mi vida.

Además, compartes el arte con tu familia.

Sí, mi mujer era pintora y mis dos hijos también son escultores. Uno trabaja aquí conmigo y el otro trabaja la cerámica. El arte es nuestra pasión.

¿Cómo ha sido la experiencia de colaborar con AFAV para dedicarle a Juana García una escultura?

Me ha gustado mucho que se pusieran en contacto conmigo. Vinieron al taller y eligieron la escultura “El Abrazo”.  Me invitaron al homenaje que le hicieron a Juana y me emocioné cuando descubrimos la escultura y el público se emocionó y aplaudió. Las emociones que despierta el arte es lo que le da sentido. Así que, espero que sigamos colaborando.

Las esculturas de Vicente Ortí están inspiradas en lo femenino, las plantas, los materiales… en la vida de la que él disfruta en su taller rodeado de sus cactus, sus esculturas, tantos materiales y cosas curiosas y bellas que enseña con alegría y pasión a quien le visita.

Desde AFAV, le damos las gracias por abrirnos las puertas de su taller y de su corazón.

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