Paco Silvestre, una vida dedicada a la solidaridad

Paco Silvestre, una vida dedicada a la solidaridad

Paco Silvestre ha recibido el Premio Solidarios Alzhéimer 2018 en la modalidad de persona, por su entrega y dedicación a las persona con alzhéimer en sus quince años de voluntario en AFAV. A sus 77 años, Paco dedica su vida a ayudar a los demás, tanto en AFAV como en otras organizaciones.

¿Qué ha supuesto para ti este premio?

Ha sido extraordinario porque tú haces las cosas porque te nace del interior querer ayudar a las personas. Cuando me lo dijeron me costó digerirlo. Sé que la gente me aprecia, pero me pregunto por qué me lo han dado.  Ha sido fantástico y me ha hecho mucha ilusión.

Además, pude vivir la entrega del premio de una manera muy especial porque vinieron a verme mis nietos y les encantó. Fue un momento especial porque nuestro hijo falleció hace tres año y medio y pudimos compartir este momento con el resto de la familia. Esto hizo que mi ilusión y mi alegría fuese aún más grande.

Llevas en AFAV quince años como voluntario, ¿cómo entraste en contacto con la asociación?

Yo estudié la carrera de Psicología cuando me jubilé, a los 60 años. Mi idea era jubilarme para estar más tiempo con mi mujer porque había trabajado mucho, nuestro hijo ya era mayor y pensé que era un buen momento para estar más con mi mujer.

Pero comencé a estudiar y tampoco estaba en casa. Terminé la carrera e hice las prácticas y todo. Pero en segundo año, ya me había apuntado a unos cursos para voluntarios que se ofrecías a los estudiantes.

Fui al curso y en casa ya pensé que los días que tenía libres los quería dedicar a hacer voluntariado, ya que desde joven es una inquietud que yo llevaba dentro y ya había sido voluntario en diferentes entidades.

Entonces elegí AFAV porque me gustaba ayudar a las personas mayores, con demencia, ya que  la parte cognitiva de la persona me gusta mucho. Soy autodidacta y he leído mucho sobre este tema. Entonces, llamé por teléfono, cuando aún estaban en la sede de Maestro Sosa.

Me atendió Ana Morón, la gerente, y le dije que tenía 61 años, por si era un inconveniente y me dijo que no, pero que tenía que ir a una entrevista. Ana me recibió y con la entrevista ya me dijo que podía empezar. Y  el primer año de voluntario me dieron un premio y fue impactante.

¿Cuál fue la primera tarea que hiciste en la asociación?

Me enseñaron lo que se hacía en la asociación y colaboraba ayudando a los enfermos en lo que me iban pidiendo. Yo estaba tranquilo porque me gustaba mucho, pero también salí impresionado. No había gente tan joven como ahora, pero sí personas como catedráticos y otros profesionales y estaban allí con la enfermedad.

¿Y en la actualidad?

En la actualidad, AFAV y los usuarios me dan un premio todos los días. Confían mucho en mí, me quieren mucho y realizo actividades diarias con los enfermos  porque ya confían en mí.

La primera actividad que propuse para hacer yo solo son unos talleres de lectura. Les pregunté a los usuarios y parece que les gusta mucho la actividad. Se trata de leer un poco de algún libro y luego comentarlo. Luego añadí para trabajar la memoria, una caja con diferentes objetos y ellos mismos también traen piezas y las memorizan. Trabajamos la visión, memorización y atención.

Y también soy voz en sombra en el coro Les Veus de la Memòria.

Y también aceptas todas las propuestas de AFAV porque eres el Capitán Zheimer, has participado en muchas actividades, acompañas al coro en las actuaciones…

Sí, yo hago todo lo que me piden, leer, disfrazarme, cantar… todo lo que sea ayudar a los usuarios, no me lo pienso. Me encanta estar con ellos y ayudarles.

De hecho, cuando me operaron de un cáncer, calculaba el líquido que podía beber porque llevaba una bolsa y si bebía mucho, la llenaba pronto. Calculaba lo que podía beber para ir a AFAV y poder hacer mi voluntariado. En cuanto me recuperé, aquí estaba.

¿Qué te aporta AFAV que es tan importante para ti?

Me aporta mucho. Por ejemplo, trabajar en grupo es algo que me ha gustado siempre. La solidaridad con las personas, estar con una familia, que es AFAV, asumir tareas según mis aptitudes, mucha paz interior. Esto para mí es fundamental.

Cuando un paciente te dice  “Qué bien me tratas” y me da un beso y yo le digo “ya he cobrado el mes”. Esto es lo que me llevo de aquí.

Además, aquí me dan confianza, facilidad para trabajar con los usuarios. 

Pero tu voluntariado no acaba aquí. Cuéntanos qué más haces.

Cuando me jubilé, además de Psicología y Salud también estudié Teología. Yo tenía muchas ansias de saber porque no pude estudiar cuando era pequeño porque a los 9 años tuve que empezar a trabajar. Yo soy de Bocairent y trabajaba en una fábrica textil. A los 14 años me llamaron de la fábrica y me dijeron que como no tenía certificado de estudios, para ponerme en la Seguridad Social, necesitaba el certificado.  Y tuve que ir al colegio, compaginando los estudios con el trabajo. Y es todo lo que pude estudiar.

Pero me gustaba mucho leer y también colaboraba en el pueblo con organizaciones como Cáritas. Desde que tengo uso de razón me ha gustado ayudar.

Y ya después de la jubilación, dije “ahora a tope”, tanto de estudiar como de colaborar con organizaciones.

Estoy en la Coral Armonía Polifónica que ensayamos dos días a la semana y también tenemos actuaciones.  Y a veces se me solapan los conciertos.

También ayudo en el Centro Sociosanitario El Carmen Hermanas Hospitalarias y hago todo lo que se necesita con los usuarios que están en la residencia. Y también les acompaño a los que quieren acompañamiento en la parte espiritual.

 

¿Y tu mujer qué dice? Porque lo de me jubilo para estar juntos, no ha sido así.

Pues nos reímos mucho cuando recordamos que me jubilé para estar juntos. Ella se ha unido a mí y hace dos años que viene a la Coral Armonía y también a AFAV.

Porque realmente, cuando me jubilé, lo decía de verdad. Mi mujer me conoce y me apoya. Ella también es catequista y después de 51 años juntos, ya nos conocemos y ella ya sabía que yo no iba a parar. Ahora viene conmigo y así estamos juntos.

Paco, da un consejo a las personas que quieren hacer voluntariado.

Hay una cosa que no puedo olvidar y es que todo lo que soy es gracias a AFAV. Las facilidades, el cariño que me han dado, me ayuda a sentirme cómodo para hacer propuestas y de esa manera, ayudar todavía más.

Ahora ya todos los años doy los cursos de AFAV para ser voluntario en la Facultad. Voy representando en AFAV  y yo hablo de demencia. Y a los jóvenes les animamos a ser voluntarios y les explicamos lo que pueden hacer.

Yo les digo que hay que ser solidario y veo que la juventud está concienciada. En los cursos siempre hay muchos jóvenes con ganas de ayudar. Y les cuento mi experiencia.

Lancemos un mensaje positivo también a los mayores para que vean que tras la jubilación empieza una nueva vida.

A los mayores también les digo que pueden hacer mucho por los demás. Solo ir a un centro y acompañar a una persona una hora, ya es mucho, escuchándola, simplemente.

Les animo a que busquen momentos y situaciones de darse a los demás. Y que no piensen “¿yo qué puedo hacer allí?”. Porque es mucho lo que se puede dar y aportar, simplemente, dar una forma de ser alegre, acompañar…

Yo siempre digo: “prueba”. Hay mucha gente sola, que necesita compañía.

¿Qué es lo mejor y lo peor de tu voluntariado?

Lo peor es no poder hacer más cosas y lo mejor es todo.

 

 

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